En la gloria

Todos los fines de semana el Club Rutas Turísticas 4x4 de Cantabria organiza excursiones para grupos o club 4x4 por la cordillera Cantábrica aptos para toda la familia y para todos los niveles de conducción. Las rutas son generalmente sencillas y si hay algún punto complicado el vehículo de la organización equipado con todo tipo de material de rescate se encargará de ayudar a quien lo necesite.
En esta ocasión y aprovechando la buena climatología reinante nos decidimos por ascender a las alturas, hacia los glaciares del cuaternario, antiguos cantos rodados que ponen a prueba la experiencia del grupo de amigos 4x4.
Desde Hinojedo y sede del club, iniciamos nuestra ruta con ritmo tranquilo y parando en las zonas más importantes del recorrido donde las explicaciones del guía del grupo sobre la zona visitada contribuyen a aumentar el conocimiento del lugar y las características singulares que cada zona ofrece a los viajeros. Historia, arte y cultura unida por la afición al 4x4 del grupo llegados desde distintas provincias como Madrid, Valladolid, La Rioja, Asturias o Burgos para recorrer los valles de Cantabria y que nos ascenderá hasta las cumbres más altas.

Comenzamos este itinerario en el cercano valle de Iguña, una zona de estrechos senderos, principalmente de uso ganadero que serpentean entre pequeños pueblos llenos de historia. Uno de ellos, Bostronizo, contiene una iglesia románica del siglo X, integrada en un robledal y junto a un arroyo, antigua propiedad de los monjes de Silos. Casonas montañesas y casas blasonadas certifican que era la zona elegida para las vacaciones del rey Alfonso XIII.
Gran parte del recorrido está poco marcado y lleno de vegetación debido a la ausencia de tránsito por lo que los bosques de castaños, acebos y robledales serán nuestros compañeros de viaje hasta las primeras cumbres del recorrido cercano al Pico Obios (1.223 m) Transitamos por verdes praderas animadas por los rebaños vacunos que pastan tranquilamente y ocasionalmente, acompañados por algún pequeño grupo de ciervos. Tenemos la ocasión de ver las plantas de la lecherina. Pensando en volver a visitar esta zona en la época de la berrea, empezamos el descenso por cómodas pistas en dirección al Pico Tordías (980 m) y finalmente, Cabezón de la Sal, antiguo pueblo minero y meta del primer tramo.
A continuación y tras un merecido almuerzo proseguimos el recorrido por el Parque Natural del Monte Corona, zona que goza de una sólida industria maderera, lo que puede ocasionar algunos contratiempos en la ruta ya que los recorridos pueden variar de semana en semana. Es una zona que cada año cambia notablemente y mientras que un año lo podemos encontrar frondoso, al siguiente año parece que estemos en un paraje lunar y todo talado. Existen muchas trampas y rocas ocultas bajo la vegetación aparte de las roderas de los tractores madereros que pueden hacer necesaria la colaboración del grupo para desatascar algún vehículo que caiga en las trampas. Los descensos pronunciados también ponen a prueba la atención de los conductores, obligándonos a extremar las precauciones y saber elegir una trazada que nos aleje de las puntiagudas piedras que se mueven a nuestro paso.
Nos trasladamos a los Valles de Carmona y Campóo, donde se encuentra la estación de esquí de Brañavieja y el emblemático Cuchillón (2.222 metros). La zona comienza en los 961 metros de altitud con el paso del río Mijar por Espinilla. El aire empieza a escasear conforme ascendemos, las mecánicas lo notan y nosotros también.
Por fin llegamos a la cumbre, zona reserva del Oso Pardo, donde se protege a las pocas unidades de esta magnífica especie en peligro de extinción. Observamos una excelente vistas paisajísticas con la sierra de Peña Labra y Peña Astia en el horizonte, con el refugio del Golobar a nuestros pies y donde encontramos un grupo de buitres que nos vigilarán durante todo el descenso que efectuamos por Cuenca Bucer, siguiendo por Los Robles y Peña Caballera, hasta llegar a la población campurriana de Reinosa.
Al finalizar la jornada, habremos realizado más de 130 kilómetros por distintos caminos y gran parte de la caravana se despide para regresar a sus lugares de origen. Para los más intrépidos y cercanos todavía queda la opción de regresar por otra nueva zona plagada de barro a costa de salir con una nueva cita en su agenda, la visita al tren de lavado. La jornada toca su fin. Hasta otra ruta.
¿Te animas?


